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martes, 30 de abril de 2013

Haciendo divulgación en radio sobre propiedad industrial


Visto que el pasado 26 de abril fue el Día Mundial de la Propiedad Intelectual (y como el término viene traducido directamente del Inglés incluye también la propiedad industrial), esta semana he querido rescatar una entrada de este blog para rellenar mi colaboración quincenal en Radio Jaén/Cadena Ser

Debo reconocer que esta fecha pasó totalmente desapercibida en mi entorno más cercano y que no encontré muchas referencias en prensa, más allá de los tuits lanzados por algunos esforzados compañeros de fatigas que seguimos viendo a este campo como merecedor de una atención mayor, por encima de otras temáticas de utilidad al menos relativa como el Día Mundial de la Marioneta o el Día Mundial de la Felicidad (para ver más ejemplos de Días Mundiales conviene leer con detenimiento el calendario de días internacionales de la web de la ONU). 

En cualquier caso, me reconocerán que hace falta un punto de atrevimiento para hablar en una columna de opinión de radio local de un tema tan árido como la propiedad industrial. La verdad es que me gustaría saber la opinión de los neófitos en este campo, para conocer su grado de comprensión y si yo me he explicado suficientemente bien en los cuatro minutos antes del boletín de la una del mediodía que tengo un lunes sí, otro no. ¿Habrá merecido la pena el intento?. Como tantas otras veces, en caso de que el mensaje no haya quedado suficientemente claro, culpemos siempre más a la torpeza del que les habla que a las buenas entendederas de los oyentes. Aquí les dejo el resultado para que ustedes mismos juzguen, se agradecerá cualquier comentario, tanto positivo como negativo.





martes, 26 de marzo de 2013

Hablemos siempre con propiedad, aunque en este caso sea industrial


Los que trabajamos en el proceloso mundo de la propiedad industrial, estamos acostumbrados a oír con frecuencia expresiones que nos provocan un dolor de oídos igual al que ocasionaba el arañazo en la pizarra negra de aquel compañero de colegio sabandija que hoy te saluda por la calle con desparpajo. Hay expresiones que no por repetidas pueden considerarse aceptables, ya no solamente desde un punto de vista técnico ni de "experto" en la materia, sino que directamente suponen una patada al correcto manejo la lengua.

La primera que se me viene la cabeza y que asiduamente me veo en la obligación de corregir, con educación pero siempre con firmeza, es la de "patentar una marca". Se mezclan en esta frase, de forma desafortunada, dos títulos de propiedad industrial que no tienen nada que ver. Sin entrar en manuales de propiedad industrial, me voy a fijar en la definición de patente que nos ofrece el diccionario de la RAE, en este caso, tras las primeras acepciones de "manifiesto" y "claro", aparece directamente la referencia a patente de invención, entendido como "documento oficial que reconoce a alguien una INVENCIÓN y los derechos que de ella se derivan". El buen uso de la lengua española es el que nos lleva a separar lo que es una invención de una marca, que, genéricamente, es una "señal que diferencia y ayuda a distinguir a una persona, animal o cosa", y que cuando se aplica a un uso industrial y se registra oficialmente, se convierte en una solicitud de marca comercial, que SIEMPRE SE REGISTRA y NUNCA SE PATENTA. Un nombre, un dibujo, una música, hasta un olor, pueden servir para identificar un producto o un servicio y constituirse en marca comercial, mientras que un invento puede patentarse, si cumple los requisitos de novedad, actividad inventiva y aplicación industrial que son exigibles, pero mezclar ambos términos, ofrece como resultado un potaje nada saludable y del que la corrección semántica nos aconseja huir, aunque no seamos especialistas en el campo de la propiedad industrial.

Dicho lo cual, no resulta nada extraño encontrar esta expresión, no sólo en blogs bien intencionados
 


Sino también en páginas web de supuestos profesionales en la materia que ofrecen sus servicios, y de los que yo huiría como del agua hirviendo


Las confusiones llegan también a la prensa general, pudiendo encontrarse en días pasados en El País un titular tan desafortunado como "Patentes veta que el ayuntamiento gestione la marca Barcelona". Una vez puestos en contacto vía twitter con el periodista, lejos de reconocer su error, se remitía a que escribía para el público general, como si  se hubieran pensado para una élite selecta el diccionario o el Manual de Estilo de El País (que buenos tiempos aquellos en los que se lanzaban iniciativas así).



Siendo esta una batalla compleja no es la única, aunque para aclarar otras confusiones sí que se precisa un mínimo de conocimientos especializados, como puede ser traducir correctamente intellectual property como un término inglés que agrupa a todas las creaciones de la mente a las que se pueden otorgar derechos de exclusividad, y por tanto engloba a los vocablos españoles de propiedad industrial (marcas, diseños y patentes) y propiedad intelectual (derechos de autor). 

También es digno de atención, y en este caso ya para alumnos que vayan a por nota, el uso correcto de la acepción de la PCT como solicitud de patente, en lugar de patente mundial, que es una figura inexistente, por mucho que haya servicios de información de noticias científicas que la citen, o empresas que presuman de tenerla

Por último, y ya para rizar el rizo, nos encontramos a los expertos en informática que se conceden a si mismos autoridad para hablar sobre las patentes de software, sin manejar adecuadamente la primera parte de la ecuación. Sirva este ejemplo para encontrar en un mismo post, afirmaciones tan confusas y peregrinas como la de que una patente es un "sistema (...) por el que un inventor puede cobrar un dinero (...) durante el tiempo que dura una patente", confundir las solicitudes de diseño en Estados Unidos con patentes de invención, o afirmar que la patente unitaria europea es un peligro para los programadores informáticos, al aproximarse peligrosamente nuestra normativa a la estadounidense.

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